El Cristianismo , llamada de Dios al corazón del hombre, es un mensaje de la caridad. Nacido del amor, amor como es él mismo, no puede menos de retornar al Amor. Amar a Dios es hacerse amar de El; amar a nuestros semejantes y hacernos amar de ellos, esa es la moral y la religión; en la una y en la otra el amor lo es  todo: fin , principio y medios.

La Religión cristiana , ya se la considera en su principio, que es Dios, ya en su autor  que es Cristo, se nos meustra como una prodigiosa obra de amor.

El todopoderoso al crear no se preocupá más que de su gloria. Surge de la nada el universo, maravilla de hermosura y de grandeza y el Señor se complace en esta irradiación de su divinidad. Todo lo que Dios había hecho era bueno. Esta complacencia en la bondad de todo lo creado es una forma de Amor personal. Por eso , la creación en su fin se le atribuye a la tercera persona de la Trinidad. El Espiritu de Amor estaba incubando sobre la superficie de las aguas la gestacion del mundo. El mismo que despues habría de cubrir con su sombra a la Virgen y en ella y con ella había de concebir al H¡jo de dios, Amor sustancial , eterno , infinito. Deus caritas est.... Dios está reducido  a no producir más que obras de amor

 

Entresacamos algunas palabras pronuinciadas por Juan Pablo II en su primera encíclica "Redemptor homini" 

 

 

Es precisamente aquí, carísimos Hermanos, Hijos e Hijas, donde se impone una respuesta fundamental y esencial, es decir, la única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros ésta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo. A Él nosotros queremos mirar, porque sólo en Él, Hijo de Dios, hay salvación, renovando la afirmación de Pedro «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna».

La Iglesia no cesa de escuchar sus palabras, las vuelve a leer continuamente, reconstruye con la máxima devoción todo detalle particular de su vida. Estas palabras son escuchadas también por los no cristianos. La vida de Cristo habla al mismo tiempo a tantos hombres que no están aún en condiciones de repetir con Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

 

Él, Hijo de Dios vivo, habla a los hombres también como Hombre: es su misma vida la que habla, su humanidad, su fidelidad a la verdad, su amor que abarca a todos. Habla además su muerte en Cruz, esto es, la insondable profundidad de su sufrimiento y de su abandono. La Iglesia no cesa jamás de revivir su muerte en Cruz y su Resurrección, que constituyen el contenido de la vida cotidiana de la Iglesia. En efecto, por mandato del mismo Cristo, su Maestro, la Iglesia celebra incesantemente la Eucaristía, encontrando en ella la «fuente de la vida y de la santidad»,

 

 

 La Iglesia tiene una labor de reconciliación. Sobre todo tratandose de aquel amor creador. Una de las razones de nuestro amor par acon Dios es precisamente el habernos amado, habernos sentido amados por el que es El amor. El primero con un amor eterno. Al moldear el corazón humano sobre el modelo del suyo. Dios se reservaba la propiedad del mismo y el recoger los frutos. 

¿Para que nos ha criado Dios y nos ha puesto en el mundo?  Para amarlo, conocerle y darlo a conocer. La vocación obligatoria de todas las almas es el amor. por eso toda la creación espiritual está empapada de dos sentimientos se que se llaman y se abrazan: amor a Dios que desciende y da de su plenitud; amor de la creatura, que sube y entrega su nada; en una palabra, union misteriosa y eterna de lo criado y de lo increado, de lo finito y de lo infinito, del hombre y de Dios.

El orden fundamental de la caridad, trastornado de arriba abajo por el pecado de Adán, quiso Dios restaurarlo y sobre sus ruinas reedificar otro monumento de amor, más piadoso que el primero y decretó la Encarnación, obra maestra del amor Trinitario.

Amor del Padre que nos envía y nos da a su HIjo Unico . amor del Verbo, que se hace hombre, que se entrega a todos los horrores de la pasión, muere en la Cruz , nos redime y nos abre el cielo. Amor del Espíritu Santo, inspirador de todas sus obras, que El mismo, el dia de Pentecostés , desciende en lenguas de fuego sobre la Iglesia, para abrasar nuestras almas de caridad: A este supremo llamamiento del amor no se podrá responder más que con amor. Amor semejante ya que no igual.