Home Tema social
Temáticas
Cristianismo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Jueves 08 de Marzo de 2012 08:35

5. Por un verdadero cristianismo.

Por eso hemos de volver a las fuentes, hacia el verdadero cristianismo, que ha engendrado héroes de toda clase, de todas las edades y ambos sexos. El mundo necesita santos de veras, santos que trabajen en las oficinas, cuiden niños en las casas, manejen remisses, atiendan enfermos en los hospitales, hombreen bolsas en el puerto. Es decir, santos que estén metidos en las entrañas del mundo, pero sin ser del mundo. Muchas veces tenemos una imagen deformado de los santos. Dejando de lado las visiones que reducen al santo tan sólo a su papel intercesor, muchas veces cuando se los presenta como ejemplo se cae en el error de alejarlos demasiado de nosotros, ver como si ya nacieron santos y no les costó ningún esfuerzo. Entonces nosotros, que de chiquitos fuimos bastante terribles (y a veces de grande también) y hoy por hoy nos cuesta horrores cumplir como cristianos, nos desalentamos con frecuencia, y casi decimos “ esto no es para mí.  Como mucho me contentaré con tratar de hacer lo mínimo para salvarme, pero santo, imposible”.

Pero no: si Dios llama a todos y cada uno, hombres y mujeres, grandes y chicos, reyes y vasallos, inteligentes y un poco menos, a ser santos, es porque se ha comprometido a darnos todas las gracias necesarias para lograrlo. Es verdad que siempre es solo Dios quien nos da la gracia de la santidad: pero solo las merece quien lucha con valentía por vencerse y morir al pecado. 

 

Y para eso hay que esforzarse por conocer de verdad a Cristo, ya que es la única forma en que llegaremos a amarlo en verdad. Hay que realizar un esfuerzo por formarnos con seriedad, para que nuestra fe no se base en slogans superficiales, sino en la roca firme de nuestro Señor. Solo quien conoce de veras a Cristo sea capaz de ir contra el mundo, de negarse a sí mismo, de llegar, si es preciso, a dar la vida por su fe. Por desgracia, en este aspecto nuestra Iglesia sufre grandes carencias. Podríamos hacer nuestras la frase del P. Sezhino “ los jóvenes le han dado a Cristo el corazón, pero no la inteligencia”. Es cierto que el catolicismo es ante todo vida, pero :¿ se puede vivir lo que no se conoce?.

Última actualización el Jueves 08 de Marzo de 2012 08:37
 
Introducción a la vida espiritual PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Jueves 08 de Marzo de 2012 08:34

Introducción a la vida espiritual

1.      EL Hombre

“Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1). Al principio, Dios, después de crear el mundo con todo lo que hay en él, crea al ser humano, y lo hace a su imagen, dotado de una inteligencia y una voluntad libres, por las cuales se distingue de todas las demás creaturas, y puede establecer un contacto con Dios, conocerlo y amarlo. En efecto, “Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y ofrecerle toda la creación”. (CIC 358). Para ello su naturaleza era “perfecta”, había una total armonía entre sus facultades superiores ( inteligencia y voluntad) y las inferiores ( el corazón, las pasiones).

2.       La caída

Pero el hombre, haciendo mal uso de su libertad, desobedeció a Dios y pecó. Por ello le fueron quitados los dones de los cuales Dios lo había dotado como gracia (inmunidad, inmortalidad, impasibilidad, etc.), y entró la muerte y el dolor en el mundo. Desde ese momento, el hombre andaba sumido en tinieblas, sin poder alcanzar el fin para el cual fue hecho. Su naturaleza humana quedó herida, “ La armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, quedó destruída: el dominio e las facultades espirituales sobre el cuerpo se quiebra”.( CIC 400). El hombre queda dominado por sus pasiones y sus instintos, y su inteligencia y voluntad se debilitan en la búsqueda de la verdad y el bien para el que fueron creados.  Solo Dios podía salvarlo de ese estado. Y así lo hizo.

3.      La Redención.

Preparado por una larga serie de profetas y todo el Antiguo Testamento, en la plenitud de los tiempos apareció  Jesucristo, Dios encarnado, perfecto hombre, que vino a traer la verdad y la vida al mundo.

La vida del Hombre pasa a estar desde ese entonces en otro plano: el sobrenatural, el del pecado y la gracia. No es que lo natural deje de ser importante: pero la primacía la ocupa nuestro destino eterno, cuestión clave, que determina el rumbo de vida que se toma. El mismo es el “ modelo de santidad,... el modelo de las bienaventuranzas y norma de la ley nueva.”(CIC 459). La naturaleza humana, sanada y elevada por la gracia, quedó nuevamente ordenada, capacitada para el encuentro con Dios. La inteligencia encuentra en la fe su máxima actuación, y la voluntad, movida por la caridad sobrenatural, lleva el amor humano a extremos insospechados. La vida de los santos es ejemplo de perfecta armonía entre naturaleza y sobrenaturaleza.

4.      El Siglo XX.

Pero basta mirar el siglo en que vivimos, para darnos cuenta de que no todos acogieron el mensaje de Cristo. Vemos por todas partes las peores abominaciones, los pecados más degradantes, las bajezas mas humillantes. Sobre todo en el último siglo , se ha pasado de una sociedad cristiana a una cerrada totalmente a la trascendencia, a la que solo le importa el placer del momento.

Para colmo de males, esta crisis ha avanzado también sobre la Iglesia. “ Estas crisis mundiales son crisis de santos” ( Beato Josemaría, Camino 301 , de almas que descubran a Dios y lo manifiesten a los demás. La piedad, la vidaa interior padece hoy de graves enfermedades: superficialidad, división, sentimentalismo, etc. Y algunos piensan que allí se encuentra la causa de los males del mundo: nuestro siglo dejó de ser cristiano porque los cristianos dejaron de serlo, la sal perdió su sabor, y ya no da gusto ni conserva de la corrupción.

 

5. Por un verdadero cristianismo.

Por eso hemos de volver a las fuentes, hacia el verdadero cristianismo, que ha engendrado héroes de toda clase, de todas las edades y ambos sexos. El mundo necesita santos de veras, santos que trabajen en las oficinas, cuiden niños en las casas, manejen remisses, atiendan enfermos en los hospitales, hombreen bolsas en el puerto. Es decir, santos que estén metidos en las entrañas del mundo, pero sin ser del mundo. Muchas veces tenemos una imagen deformado de los santos. Dejando de lado las visiones que reducen al santo tan sólo a su papel intercesor, muchas veces cuando se los presenta como ejemplo se cae en el error de alejarlos demasiado de nosotros, ver como si ya nacieron santos y no les costó ningún esfuerzo. Entonces nosotros, que de chiquitos fuimos bastante terribles (y a veces de grande también) y hoy por hoy nos cuesta horrores cumplir como cristianos, nos desalentamos con frecuencia, y casi decimos “ esto no es para mí.  Como mucho me contentaré con tratar de hacer lo mínimo para salvarme, pero santo, imposible”.

Pero no: si Dios llama a todos y cada uno, hombres y mujeres, grandes y chicos, reyes y vasallos, inteligentes y un poco menos, a ser santos, es porque se ha comprometido a darnos todas las gracias necesarias para lograrlo. Es verdad que siempre es solo Dios quien nos da la gracia de la santidad: pero solo las merece quien lucha con valentía por vencerse y morir al pecado. 

 

Y para eso hay que esforzarse por conocer de verdad a Cristo, ya que es la única forma en que llegaremos a amarlo en verdad. Hay que realizar un esfuerzo por formarnos con seriedad, para que nuestra fe no se base en slogans superficiales, sino en la roca firme de nuestro Señor. Solo quien conoce de veras a Cristo sea capaz de ir contra el mundo, de negarse a sí mismo, de llegar, si es preciso, a dar la vida por su fe. Por desgracia, en este aspecto nuestra Iglesia sufre grandes carencias. Podríamos hacer nuestras la frase del P. Sezhino “ los jóvenes le han dado a Cristo el corazón, pero no la inteligencia”. Es cierto que el catolicismo es ante todo vida, pero :¿ se puede vivir lo que no se conoce?.

Para ello todos hemos de comenzar por reconocer que tenemos que cambiar mucho, estemos en el estado que estemos, pues nuestro ideal apunta hacia el infinito “ser perfectos como el Padre”

Pidamos a María Santísima, modelo de santidad, que nos de las gracias que necesitemos para comenzar en un camino de renovación, camino al Jubileo del año 2000

 

 
Evangelio PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Lunes 05 de Marzo de 2012 09:24
EVANGELIO Perdonad, y seréis perdonados  Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 36-38 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros».
Palabra del Señor
 
Aprender a mirar PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Domingo 04 de Marzo de 2012 13:54

Aprender a mirar Con los ojos de Dios el mundo , las realidades que nos rodean

 Para mirar como Dios tenemos no que mirarle a los ojos sino mirar en la misma direccion que El mira

Por ello nos acordamos de aquel pasaje de la escritura en el que aparece Moisés junto a Señor y le pide ver su rostro El Señor le advierte que no podrá ver su rostro, solo podrá ver su espalda  

Última actualización el Domingo 04 de Marzo de 2012 13:58
 
El amor PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Domingo 04 de Marzo de 2012 10:36
El amor de Dios y el prójimo son dos mandamientos que no sólo van unidos sino también encadenados. Son dos eslabones reprochados el uno al otro. El que ama mucho a Dios, debe por su consecuencia ineludible, amar mucho a sus Hermanos. Es imposible concebir estos dos amores separados y mucho menos opuestos. Si llamamos a nuestro Padre de los cielos, forzosamente hemos llamado a todos sus hijos, lo contrario nuestra calidad para con el mes más que engaño y mentira.

En el edificio de nuestra vida cristiana, estos dos sentimientos forman un bloque indestructible. Por eso el catecismo ha querido reunir en una sola y misma fórmula los dos actos de caridad. Dios mío, os amo con todo mi corazón... Llamo a mi prójimo como a mí mismo, por vuestro amor. Si nos  amamos mutuamente, tíos permanece en nosotros y su amor es que nosotros perfecto.

Nosotros debemos en efecto, amar a Dios y llamarle entero. Amarle en lo que les en lo que hace. Amarle en su naturaleza y en sus personas. Amarle en sus atributos e imperfecciones infinitas. Amarle en sus operaciones íntimas. En su actividad exterior. Amarle en todas sus obras.

Siem vamos a Dios ama haremos todo lo que sale de sus manos y de su corazón, comenzando por la humanidad. Es condición del amor amar todas las cosas que son amadas por la persona que se llama.  Amar al prójimo, de lo contrario su amor no es verdadero, porque mi amor y el amor del prójimo no hacen más que uno. Cuanto más me llama un alma, más amar al prójimo.
 
<< Inicio < Anterior 1 2 3 4 5 Siguiente > Fin >>

Página 3 de 5