RECORDAR, REFLEXIONAR, RENOVAR

 

Extracto de la homilía del P. Warren Brown OMI, Consejero General,
predicada en la Casa General el 17 de febrero de 2012

 

 

Hoy es un día para recordar el pasado, reflexionar sobre el presente yrenovarnos a nosotros mismos y a nuestras comunidades para el futuro. La palabra de Dios que acabamos de oir proclamada nos lleva a estas conclusiones.

 

El último Capítulo escogió como uno de sus temas la historia de Emaús de Lucas 24: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba n el camino y nos explicaba las escrituras?”. El Capítulo percibió que, en medio de la confusión y del desafío que suponía el momento difícil de ver crucificado su mundo religioso, los discípulos reconocieron en el camino a “Jesús Resucitado y a la nueva realidad que estaban viviendo y volvieron a sus vidas religiosas con una visión, esperanza y energías renovadas”. El Espíritu de Jesús ardía en ellos. En medio de los desafíos difíciles y a veces confusos de hoy, se nos invita a renovarnos para el futuro. Se nos invita como Congregación a ser renovados por medio de nuestra comunión con Cristo y con los demás y a volver con una visión, esperanzas y energías renovadas.

 

El Fundador dijo en la segunda edición de las CC. y RR.: “Todo lo que espero de esta, la segunda promulgación de nuestras leyes, es que encienda en el corazón de cada uno de ustedes un nuevo fervor que produzca una suerte de renovación en nuestros jóvenes...” (Carta Circular del 8-2-1853).

 

¿Estamos abiertos al Espíritu? Somos capaces de renovar nuestro espíritu de compromiso con nuestro estilo oblato de vida? Estamos deseosos de renovarnos a nostros mismos y de empaparnos de las palabras y del espíritu de nuestras Constituciones y Reglas? ¿Son fuente de vida para nosotros hoy? ¿Es nuestra oblación según nuestras reglas un compromiso total en el espíritu de nuestros predecesores, tales como los mártires que acabamos de celebrar?

 

Al reflexionar sobre estas lecturas, me viene a la cabeza una historia:

 

Un leñador fue un día al dueño de un almacén de madera y quedó contratado. El salario y las condiciones de trabajo eran muy buenos. Así pues, nuestro leñador, agradecido, se propuso trabajar duro. El jefe le dio un hacha y le mostró la zona donde debía trabajar. El primer día el leñador cortó dieciocho árboles. “Felicidades –dijo el jefe – sigue así”. Muy motivado por las palabras de su jefe, el leñador siguió trabajando duro al día siguiente, pero sólo pudo cortar quince árboles. El tercer día se esforzó aún más, pero sólo pudo cortar diez. Día tras día, a pesar de sus grandes esfuerzos, no podía sino cortar cada vez menos árboles. “Debo de estar perdiendo fuerzas”, pensó el leñador. Vino el jefe y el leñador le pidió perdón. Dijo no entender lo que pasaba. “¿Cuándo fue la última vez que afilaste el hacha?”, preguntó el jefe. “¿Afilar?. ¡No he tenido tiempo de afilarla!”.

 

El hacha de la historia (¡no como arma, sino como herramienta!) es lo que suponen nuestras Constituciones y Reglas en nuestra vida oblata. Cortar los árboles es como el trabajo de la evangelización. Hemos de afilar a diario el hacha, la herramienta de nuestra vida y misión, recordándolas, reflexionandolas y renovándonos en nuestras reglas. (Como uno de mis compañeros oblatos me recordó: ¡una herramienta roma puede ser la herramienta más peligrosa!)

 

El día de nuestra oblación se nos dijo: “Haz esto y vivirás”. Pero si no afilamos nuestra “herramienta”, haciendo uso de nuestro carisma y de nuestro estilo de vida de modo tal que sean ellos los que nos guíen, ¿no nos encontraremos en la misma situación que el leñador?. Si no hemos abierto nuestras Constituciones desde el noviciado, ¿qué clase de bien suponen para nosotros?. Como se dijo en el Capítulo, hay una gran riqueza en ellas y quizá sólo hemos rascado la superficie. El Espíritu se halla presente en ellas, dadas a nosotros como oblatos y ratificadas por la Iglesia.

 

Recordando, reflexionando y renovándonos en nuestro carisma oblato, nuestro modo de vida y nuestra Regla oblata, podremos desempeñar con mayor eficacia el trabajo que el Señor ha preparado para nosotros. Como dijo S. Eugenio al P. Tempier, nuestra Regla es para nosotros nuestra fuente de vida: “...ya no son simple regulaciones, ni orientaciones piadosas; son Reglas que han sido aprobadas por la Iglesia tras el más minucioso escrutinio. Han sido juzgadas santas y eminentemente capaces de llevar a aquéllos que las abracen a su fin”.

 

Nuestros esfuerzos y nuestros trabajos por nuestra cuenta pueden ser en vano, sin importar cuán buenas sean nuestras intenciones, si no tenemos la preparación necesaria, las herramientas adecuadamente preparadas y si no estamos del todo abiertos y correspondiendo al Espíritu de Dios allí presente. Nuestra misma Regla nos mostrará cómo podemos responder en la nueva evangelización en nuestros días y en nuestro tiempo.

 

Hoy estamos de celebración; recordamos, reflexionamos y nos renovamos en el gran don que hemos recibido. Demos gracias hoy por haber sido llamados a ser oblatos y pidamos a Dios que continúe bendiciéndonos a nosotros y a nuestros colaboradores y asociados para llevar el espíritu de S. Eugenio y la Buena Nueva de Jesús al mundo de hoy.